Fuente: Pro Mujer Bolivia

Graciela Ari Barrios, de Santa Cruz, 31 años, mototaxista

Graciela Ari con su trabajo de mototaxista inspira no sólo a la gente de su comunidad, sino a todo el que tiene contacto con ella. Esta todoterreno de gran corazón recibe elogios como: “quisiera ser como vos”, “te envidio”, “¿cómo lo haces?”. Ella entusiasta responde: “tienes que trabajar… ¡te enseño a mejorar!”. Esta sorprendente mujer pasó por dificultades, se cayó y supo levantarse, porque tiene el motor más poderoso: sus hijos y su familia.

Con toda confianza relata: “Cuando era niña ayudaba a mi mamá  a trabajar. Hasta ahora sigo siendo sustento de ella y mis hermanos, les ayudo en todo lo que está a mi alcance. Conocí a mi esposo saliendo a trabajar, estudiaba y nos fuimos conociendo y enamoramos. Tuvimos hijos, mi relación de pareja es buena”. Ella supo abrirse camino en su trabajo, ganó su sitio y se considera exitosa tanto en el campo familiar como laboral.

La señora Graciela trabajaba alquilando motos, recibía la renta y con eso sustentaba a su familia. Conoció a Pro Mujer trabajando en la calle, una amiga la invitó, le dijo que habría cursillos para mujeres. Poco a poco Graciela se sintió satisfecha: “los cursillos me ayudaron y fortalecieron”. De esta manera, usó su primer préstamo para arreglar una moto con la que salió adelante; se convirtió en mototaxista y nada ni nadie la pudo detener, «…un pasajero me rechazó, porque era mujer, eso me marcó. Los hombres rechazan a las mujeres mototaxistas, pero yo les digo: “si pude parir un hijo, ¿cómo no voy a poder manejar esta moto?”. Es un retroceso el rechazar, porque trabajo es trabajo; yo no voy a rechazar a un hombre cocinero, porque todos somos iguales».

Ser su propia jefa tiene sus ventajas: “hago mi propio horario, gracias a Pro Mujer aprendí a generar más ingresos y a estar más tiempo con mis hijos, a veces no trabajo y al día siguiente le pongo duro y parejo para recuperar”. Sus momentos con su familia son valiosos y esta joven emprendedora los atesora. El esposo constituye un apoyo para esta mujer carismática, que aprendió en la institución que lo más importante es su salud; ella está deseosa de ayudar a levantarse a otras mujeres.

Ella vivió la violencia psicológica una vez. Fue suficiente para poner un alto. Dialogó con su marido, lo cuestionó y explicó el daño que le había causado. Desde ese momento, su esposo entendió que una mujer merece respeto, él nunca más volvió a beber: “la violencia es muy mala, nos desanima como mujeres; si hay violencia en la casa, nos apagamos”, asegura Graciela.

Hoy en día la familia de Graciela está orgullosa de ella y de su trabajo; «mi marido me admira y dice: “que mujer más fuerte, muy fuerte eres; llegas de trabajar cansada, te pones a hacer las cosas de la casa y no paras”; mi fortaleza e impulso para seguir adelante son mi familia y mis hijos», menciona. Aunque casi ha conseguido todo en la vida, dice que tiene varios sueños todavía: tener una casa, un auto para trabajar y ser taxista; también le gusta la carrera de electromecánica, su otro sueño es ser técnica en electromecánica.

Graciela Ari recomienda a las mujeres como ella: “podemos salir adelante solas, cuiden su salud, miren el horizonte para ustedes por sus hijos”.

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