6 noviembre, 2017

OPS/OMS, PROCOSI Aliados

Salud

Fuente: OPS/OMS

Según indica un nuevo informe publicado el 26 de octubre por varias de las principales organizaciones sanitarias mundiales, el sarampión causó 90 000 fallecimientos en 2016, una cifra que representa una disminución del 84% con respecto a las más de 550 000 muertes por esta enfermedad registradas en 2000. Este es el primer año en que esta cifra es inferior a 100 000.

El Dr. Robert Linkins, de la Iniciativa de Lucha contra el Sarampión y la Rubéola y también Director de la Sección de Lucha acelerada contra enfermedades y enfermedades prevenibles mediante vacunación de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos de América, señala: «Salvar un promedio de 1,3 millones de vidas al año gracias a la vacunación contra el sarampión es un éxito extraordinario que nos permite confiar en que es posible, e incluso probable, que podamos asistir en nuestra vida a la erradicación de esta enfermedad». La Iniciativa de Lucha contra el Sarampión y la Rubéola es una alianza firmada en 2001 entre la Cruz Roja de los Estados Unidos de América, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de este mismo país, la Fundación para las Naciones Unidas, el UNICEF y la OMS.

Según los cálculos, desde 2000 se han administrado a los niños 5500 millones de vacunas antisarampionosas mediante los servicios de inmunización sistemática y las campañas masivas de vacunación, gracias a lo cual se han salvado alrededor de 20,4 millones de vidas.

De acuerdo con el Dr. Jean-Marie Okwo-Bele, Director del Departamento de Inmunización, Vacunas y Productos Biológicos, «desde hace más de dos decenios se viene registrando un considerable descenso en las muertes por sarampión, pero debemos esforzarnos por acercarnos al día en que no haya ningún caso más». Según el Dr. Okwo-Bele, «solo podremos eliminar esta enfermedad si vacunamos a todos los niños, en todo el mundo».

Las metas de eliminación del sarampión fijadas a nivel regional están todavía lejos de alcanzarse. Desde 2009, la tasa de cobertura de la primera de las dos dosis necesarias de la vacuna antisarampionosa se ha mantenido en el 85%, un porcentaje todavía lejano del 95% necesario para evitar nuevos contagios. En cuanto a la segunda dosis, a pesar de los aumentos recientes, la tasa de cobertura en 2016 fue solamente del 64%.

Todavía hay demasiados niños —20,8 millones, concretamente— que no reciben la primera dosis de esta vacuna. Más de la mitad de estos niños viven en seis países: Nigeria (3,3 millones), India (2,9 millones), Pakistán (2 millones), Indonesia (1,2 millones), Etiopía (0,9 millones) y la República Democrática del Congo (0,7 millones). Debido a la elevada contagiosidad de esta enfermedad vírica, tanto en estos países como en otros países de Europa y América del Norte se siguen registrando brotes importantes, que exponen a los niños a sufrir complicaciones graves (entre otras, neumonía, enfermedades diarreicas, encefalitis y ceguera) y pueden incluso causarles la muerte.

Las organizaciones citadas anteriormente advierten de que los progresos alcanzados en la lucha por eliminar el sarampión podrían revertirse cuando los recursos destinados a combatir la poliomielitis, que permiten financiar los servicios de inmunización sistemática, las campañas de vacunación contra el sarampión y la rubéola y el seguimiento de estas enfermedades, se reduzcan y se eliminen por completo tras la erradicación de la poliomielitis. Precisamente, los países que más dependen de estos recursos son los que sufren más muertes por sarampión y, por tanto, los que corren más riesgo de que se registre esa regresión tras la erradicación de la poliomielitis.

El Dr. Seth Berkley, Director Ejecutivo de la Alianza Gavi, una de las principales organizaciones que financia los programas de inmunización contra el sarampión en todo el mundo, señala que «esta notable disminución en el número de fallecimientos por sarampión es la culminación de los esfuerzos tenaces realizados durante años por los trabajadores sanitarios, los gobiernos y los organismos de desarrollo, que han permitido vacunar a millones de niños en los países más pobres del mundo. Sin embargo, no debemos darnos por satisfechos. Todavía hay demasiados niños que no reciben estas vacunas que pueden salvarles la vida. Es necesario mejorar significativamente los servicios de inmunización sistemática, aprovechando la solidez de los sistemas de salud, para inmunizar a estos niños y fijarnos objetivos realistas que nos permitan eliminar la enfermedad».

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