Antonia Pacema de Beni, vendedora de zapatos, 26 años.

Es una emprendedora que formó su propia familia a los 16 años; la necesidad la obligó a emprender, debiendo dividir su tiempo para ejercer dos roles: por un lado, el cuidado y la educación de sus hijos, sumado a las exigencias propias de las tareas domésticas; y por el otro, como comerciante, presionada por la responsabilidad de contribuir en la economía de su hogar.

Esta situación se encontraba agravada, porque Antonia vivía en la pobreza y en precariedad laboral. Su vulnerabilidad se podría haber multiplicado; sin embargo Antonia pudo edificar su vida sobre sólidos cimientos: una excelente relación de pareja, fe en Dios y una confianza en ella misma a prueba de todo.

Antonia recuerda que sus padres la levantaban muy temprano para ir a misa, esto le creó disciplina y constancia; además sabía que no deseaba un trabajo inestable: “empecé temprano a la vida y tuve que esquivar sus azotes; vendía pan y repartía por todo lado”.

Si bien muchas dificultades comienzan con la búsqueda de mejores ingresos, Antonia no pensaba ellas, solo miraba adelante y buscaba mejores posibilidades de ingresos. Un día un encuentro le cambió la vida. “me enteré por una amiga que Pro Mujer daba crédito, capacitaciones y encima ayudaba con salud”.

“Empecé sacando poco y luego mi crédito fue subiendo, descubrí la venta de zapatos y fue lo que más me gustó. Invierto mis préstamos para este negocio; hay mercado. Si está flojo, voy con mi marido a dejar mercadería a los pueblos. Siempre me encomiendo a Dios y todo me sale bien”, dice esta valiente mujer cuyo sueño era ser monja y hoy tiene todo el aliento de sus hijos para continuar en su negocio.

“Quería ser monja, ir por todos los países. Pero hoy soy esposa, madre, abuela, una mujer trabajadora y socia de Pro Mujer. Pro Mujer es mi familia”, relata contenta; sin mencionar que su tarea es titánica pues implica administrar los recursos de su hogar, tiempo y el comercio.

Antonia Pacema conoce lo que es ser pobre; también sabe encontrar la solución a cualquier problema y avanzar: “He podido sobresalir. Aconsejo a las mujeres que sigan al frente, respondan por su trabajo y saquen adelante a sus hijos”, dice con alegría y esperanza; ya que las cosas se aprecian más sólo cuando alguien no las tiene. Ella está orgullosa de sí misma por haberse levantado gracias a su propio esfuerzo.

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