Fuente: Página Siete
Los estudiantes promedio de Bolivia, al igual que los del resto de América Latina y el Caribe, tienen un rezago académico de más de un año respecto a los países más desarrollados, señala un estudio 2017 del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Dicho estudio   da una mirada crítica a los programas de educación y capacitación para la niñez y adultos que aplican los Estados de la región, evaluando los  procesos de adquisición de habilidades técnicas .
“Es urgente que los gobiernos implementen políticas hoy para asegurar que la ciudadanía tenga las habilidades del mañana”, señala el presidente del BID, Luis Alberto Moreno.
El BID destaca que Bolivia destine el 6,5% de su Producto Interno Bruto (PIB) a la educación, por encima del 5,1 % de Estados Unidos y del promedio de la región, y muy superior al gasto de economías de ingresos medios como Tailandia y Hungría que invierten el 3,8%.
Esa organización regional  valora los  “esfuerzos bien intencionados”, la aplicación de  programas gubernamentales educativos  , pero añade que éstos no logran aportar las habilidades necesarias para prosperar.
Las naciones de la región invierten en educación y capacitación técnica casi el mismo porcentaje de su PIB que naciones más desarrolladas. Sin embargo, los resultados obtenidos son muy inferiores. Los estudiantes de América Latina y el Caribe poseen más de un año de retraso respecto al nivel de desarrollo económico de la región.
Solamente el 30% de los niños en tercer y cuarto grado en América Latina y el Caribe alcanzan el criterio mínimo de competencias matemáticas; en cambio, en naciones con similar nivel de desarrollo lo logra el 66%  y en países desarrollados, el 93%.
Por eso el presidente del BID considera que  la falta de inversión no es la causa principal del problema del rezago en el aprendizaje de habilidades. “Tenemos que invertir mejor en educación y en el desarrollo de habilidades”, explica Moreno.
El BID señala que  “los programas más exitosos (de educación) son los que  mejoran la calidad de las interacciones en la casa y en la escuela, que ofrecen incentivos para que los jóvenes permanezcan escolarizados, y que ayudan a las empresas a promover un ambiente de aprendizaje en el lugar de trabajo”.
“Una persona que ha tenido acceso a una adecuada estimulación durante los primeros años de su vida, buenas escuelas, universidad y empleo en una compañía formal, posee grandes ventajas en la vida”, añade el vicepresidente de Sectores y Conocimiento del BID, Santiago Levy.
Los gobiernos pueden hacer mucho más por mejorar la calidad de vida de quienes no tuvieron estas ventajas. La recompensa es el crecimiento (nacional), reflexionó ese funcionario.

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